Sin duda, el invento del tacoaguja debió ser hecho por un hombre. Un hombre que quiso ver a mujeres altas, espigadas, de pantorrillas firmes haciendo equilibrios cadenciosos con las caderas. Un hombre que quiso verlas sostener su cuerpo empinando los talones sobre unas agudas puntas en el piso. Digo que tuvo que ser hombre no sólo por que generalmente ellos inventan los modelos femeninos-que eso es casi una obviedad en nuestra cultura-, sino porque los taco aguja te producen algo muy parecido a lo que nos puede pasar con ellos, son unas de esas miles de "cosas" (no se ofendan) que te hacen ver tan tan hermosa y te hacen sufrir tanto tanto a la vez.

Y tal como nos sucede con algunas relaciones, las mujeres nos montamos igual encima de los tacos aguja o stilettos, haciendo caso omiso de los presagios o posibles caídas fatales. Porque vaya a saber uno si desde siempre o producto de una evolución necesaria, hemos sido y somos tan empecinadas!!. ¿Por qué tanto? Si alguien sabe que me explique.

No sé si empecinada es la palabra justa o chucaras tal vez. Es como si no existiera obstáculo posible que no queramos superar, ni situación que queramos dejar colgando de la nada, ni juego que no queramos jugar (claramente, si nos gusta o entretiene, aunque las hay muchas con vocación de mártir). ¿Acaso cada desafío amoroso real será como subirse a los tacos agujas? Porque perfectamente podríamos montarnos en unos tacos cuadrados y chatos al estilo enfermera fome, pero les aseguro que ese tipo de aventura será proporcionalmente insípida a la factura del zapato. ¿Será que pararse sobre el mundo frágiles, bamboleantes, seductoras nos obligue también a dar pasos más firmes y decididos... a clavarnos en el mundo o por lo menos en tierra firme con esa sensación de poder?

En la cultura japonesa antiguamente a algunas mujeres se les amarraban los pies para que no crecieran y se les volvían un amasijo de piel y huesos sobre los cuales ellas caminaban frágilmente, eso -decían- les provocaba a los hombres un gran nivel de excitación. Acaso el tacoaguja no será un símil -bastante más occidental y contemporáneo- pero símil al fin. ¿Qué cosa podría ser más seductor que la fuerza y la fragilidad reunidas en un mismo objeto? ¿ Acaso no es un poco odiable encontrar alguien tan tan fuerte que su fortaleza te aplaste o encontrar alguien tan tan frágil que su debilidad te den ganas de romperlo?

La mujer que se sube sobre sus taco aguja casi siempre va altiva, segura y seductora. Hay algo de ferocidad y de poder en sus pasos, algo de leona silenciosa cruzando en medio de la manada. Da igual si sonríe o se desborda de ternura, da lo mismo que su rostro sea indeferente. Hay algo que ronda sus caderas y que enardece su mirada. Algo demasiado poderoso que la recorre desde sus pies hasta las puntas de su pelo.

Aunque ese poder, no es infalible. Cualquier traspié o desliz revela en milésimas de segundos esa delicadeza extrema que la compone, esa debilidad que en un momento casual la quebraría en mil pedazos o la llevaría obligatoriamente a encontrar un brazo de apoyo. Es esa fragilidad de quedar sostenida en unas agujas sorteando baches, adoquines, nieve, pasto y todo lo irregular que aparezca a su paso; esa fragilidad que hace que observe con sigilo a su alrededor mientras camina pausadamente en su precario equilibrio. Es esa misma la que convierte cada paso en un salto al vacío, ciego y sin ninguna otra certeza que la existencia de un paso siguiente que la salva.

El tacoaguja contiene la ferocidad de todo el género femenino (no es casualidad que sea también el fetiche predilecto de los travestis). A pesar de que a la mayoría de los taco aguja les ha tocado un cruel destino y han quedado fondeados en alguna caja del armario o en el rincón el closet muy atrás de las chalas y zapatillas que usamos a diario. Pero es inevitable, ellos laten y sobreviven esperando el momento en que esa mujer decida ser objeto de deseo. Cuando quiera olvidar al ser complejo y atribulado de emociones que lleva adentro, y quiera ser sólo..... una chica mala.

Los tacoaguja o taco espada son sospechosamente peligrosos. Siempre rayan, traspasan, dejan marca. Se incrustan, se lanzan, se clavan, pueden ser incluso un... arma mortal.